Una página que tus invitados abren,
en vez de volver a preguntarte.

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Entre el save the date y el plano de mesas, las mismas nueve preguntas empiezan a llegar de una en una. Una web de boda no es un capricho: es la respuesta escrita una sola vez, en un sitio donde un invitado puede encontrarla a las once de la noche sin despertarte. Así se monta y así se mantiene al día.

Una página que tus invitados abren,
La versión corta
  • Una web de boda es donde viven los detalles, de manera que cambiar uno sea una edición y no noventa mensajes.
  • En la mayoría de las bodas, una sola página que el invitado desliza gana a un menú de seis apartados por el que hay que navegar en el móvil.
  • Móntala en este orden: el diseño, la fecha y el lugar, el programa, las preguntas de siempre, la confirmación de asistencia y, al final, el enlace.
  • La dirección tiene que ser lo bastante corta como para dictarla en voz alta, y un código QR lleva esa misma página al papel impreso.
  • Una página que se corrige cuando el hotel se queda sin habitaciones vale más que una página que fue perfecta una vez.

Para qué sirve la página en realidad

Una web de boda es el sitio al que mira un invitado en lugar de escribirte. Tu prima quiere saber si va directa al convite o si pasa antes por la ceremonia, son las diez y veinte de un martes y prefiere no llamarte para eso. Si hay una página, la mira. Si no la hay, te llega el mensaje y, después, la misma pregunta formulada de otra manera por otras once personas.

Lo segundo que hace importa más según pasan los meses. Pon que hay noventa invitados. Retrasas la ceremonia media hora y la tarjeta impresa queda mal para siempre, el grupo de WhatsApp hay que releerlo entero y quien estaba de viaje esa semana llega igualmente a la hora antigua. Una página es una sola edición. La invitación es un enlace vivo: quien la abrió en marzo y vuelve a abrirla en julio ve la versión de hoy, no la que enviaste.

Conviene decir también lo que la página no es. No es un porfolio y nadie lee la historia de cómo empezó todo. El invitado la abre de pie en la parada del autobús, con una mano, buscando una hora y una dirección. Trátala como un documento de trabajo que además tiene vuestro estilo y cumplirá su función.

Una página o seis

La decisión que condiciona todo lo demás llega antes del primer clic: ¿una página o varias? En el ordenador, un menú de seis apartados parece ordenado. En el móvil, que es donde la abre casi todo el mundo, cada pestaña es una pequeña decisión, y el invitado que tiene que decidir seis veces antes de encontrar la hora de la ceremonia se rinde y te escribe, que es justo lo que querías evitar.

En la mayoría de las bodas, una sola página que se desliza gana a un menú por el que hay que navegar. El orden hace el trabajo que habría hecho el menú: fecha y lugar arriba, después el programa del día, después las preguntas que hace todo el mundo y, al final, el formulario de respuesta, justo cuando alguien acaba de leer los motivos para contestar. Si la página se alarga, una fila de enlaces internos arriba te da la navegación sin los callejones sin salida.

Varias páginas se ganan su sitio cuando de verdad hay varios eventos: una cena el viernes y la ceremonia el sábado, o doscientas personas en la ceremonia y cuarenta que se quedan al banquete. Ahí también importan las respuestas por separado. A un invitado se le puede preguntar por la ceremonia, por el banquete y por la fiesta como tres preguntas en vez de una, y una parte puede quedar invisible para quien no está invitado a ella, así que nadie lee sobre una cena a la que no va.

Cómo montarla, en el orden que funciona

Trabaja en este orden y no tendrás que volver atrás: elige el diseño, pon la fecha y el lugar, escribe el programa, añade las preguntas que van a hacerte, engancha la confirmación de asistencia y, entonces sí, comparte el enlace. El diseño va primero porque marca el tono de todo lo que escribas después; si lo eliges tarde, releerás cada línea para ver si sigue encajando. El enlace va el último por un motivo más sencillo: una página que sale antes de que funcione el formulario no recoge nada, y no se puede desenviar.

Qué va dentro de la página es un tema en sí mismo y está escrito entero en otro sitio. Nuestra guía sobre qué poner en una web de boda recorre el programa, cómo llegar, dónde dormir, el código de vestimenta y la sección de preguntas, con las palabras exactas. Usa aquello como índice y esto como método.

Dale más vueltas al formulario que al resto, porque es la única parte que tiene que producir algo. Pregunta si vienen, cuántos son, los nombres de quien traen, qué quieren comer y qué no pueden comer, y deja una casilla para un mensaje, porque la gente escribe uno y luego te alegras de tenerlo. Y ahí para. Cada campo de más es otra pregunta que tienen que leer noventa personas, y quien contesta en el metro suelta el móvil. La página de confirmación de asistencia online enseña qué recoge el formulario y cómo te llegan las respuestas.

Antes de que el enlace salga a ningún sitio, abre la página en tu propio móvil como lo haría un invitado, manda una respuesta con un nombre inventado, comprueba que aparece en tu lista con el número de acompañantes correcto y luego bórrala. Pásale el enlace a un amigo sincero y pregúntale qué no ha sido capaz de encontrar; la respuesta será algo que dejaste de ver hace tres versiones.

La dirección, y el código que va impreso

Un buen enlace es corto, dice para quién es y aguanta que lo dicten en voz alta. Dos nombres, o un apellido y un año, casi siempre basta. Qué evitar: fechas con barras, el mote que solo usáis vosotros dos, guiones donde nadie los va a adivinar y cualquier cosa que haya que deletrear a una tía que la está apuntando en el reverso de un sobre.

Esa comprobación vale dos minutos. Di la dirección de un lado a otro del salón y pide que escriban lo que han oído. La vas a decir en voz alta más veces de las que crees: al invitado que llama el jueves, y desde el librito de la ceremonia.

Para todo lo impreso, usa el código QR en vez de la dirección. Va en la invitación, en el librito de la ceremonia y en una tarjeta pequeña sobre la mesa del banquete, y abre la misma página con el mismo formulario, así que el invitado de papel y el invitado de móvil acaban en la misma lista. Imprímelo lo bastante grande como para escanearlo con poca luz, deja fondo liso detrás y compruébalo en dos móviles antes de que las tarjetas vayan a imprenta.

Quién puede encontrar la página

Una página en internet está en el internet abierto salvo que algo lo impida. No es una advertencia, es sencillamente lo que hay por defecto, y casi todas las herramientas te dan un interruptor. Para una boda, el ajuste útil es el discreto: la página se abre para cualquiera que tenga el enlace y no pide a los buscadores que la incluyan. Nadie que no esté invitado necesita encontraros escribiendo dos nombres en un buscador.

Luego está lo que publicas, que ningún ajuste protege. Deja tu dirección de casa fuera de la página. Y aquí lo normal es que buena parte de los invitados haga un ingreso en cuenta, lo que significa que el número de cuenta acaba escrito en algún sitio: que ese sitio no sea una página que abre cualquiera con el enlace. Dalo en el mensaje que mandas a cada invitado, o cuando te lo pregunten. Lo mismo con los teléfonos de otras personas. Una página que no sale en los buscadores pero dice dónde vives no está realmente reservada.

Las fotos de niños necesitan el sí de sus padres, siempre, y es mucho más fácil preguntarlo antes que retirar una foto después. Lo mismo vale para lo que añaden los propios invitados: un libro de firmas en el que apruebas cada nota antes de que la vean los demás significa que la página no puede dejarte en mal lugar justo el día en que no la estás mirando.

Cómo llegan los invitados hasta ella

El enlace va en tres sitios. En la propia invitación, para que el objeto que anuncia la boda responda también a las preguntas sobre ella. En el mensaje que lleva la invitación, como última línea y no enterrado en medio. Y el mismo día, en el librito de la ceremonia o en una tarjeta sobre la mesa, para quien quiere saber a qué hora empiezan los discursos. Si tu invitación es digital, el enlace es la invitación y no hay nada más que enviar.

Algunos familiares no van a abrir un enlace, y no existe una versión de esto en la que ganes esa discusión. Imprime para ellos la mitad que les importa, que es la fecha, el sitio y cómo confirmar, en una tarjeta con el QR en una esquina para quien se siente al lado. Después llámales, hazles las preguntas que hace el formulario y apunta tú mismo la respuesta en la lista. Dos llamadas de teléfono son menos trabajo que una lista de invitados con un agujero.

Hagas lo que hagas, mantén una sola página y una sola dirección. Una segunda página hecha con prisas para quienes no encontraban la primera es la manera de que acaben circulando dos horas distintas de la ceremonia.

La página no está terminada cuando la publicas

Después de que salga el enlace cambian tres cosas, y son las mismas tres en casi todas las bodas: el horario se mueve, el hotel que recomendasteis se llena y llega la fecha límite para confirmar. Cada una es un párrafo que editar en vez de un mensaje para noventa personas, y quedarse con la primera opción es la razón entera de tener una página.

Así que cuando el programa del día se concrete, pon las horas de verdad y quita las aproximadas. Cuando el hotel se quede sin habitaciones, dilo y nombra otro, o cada invitado que viene de fuera hará esa hora de búsqueda por su cuenta y tres de ellos te llamarán. Cuando pase la fecha límite, cambia el «confírmanos antes del catorce» por una línea que diga que las respuestas están cerradas y pida que quien no haya contestado llame por teléfono. Esa sola edición hace más que otra ronda de recordatorios.

Dos semanas antes de la fecha límite, el dato útil no es cuántas respuestas tienes. Es la lista de quienes no han enviado ninguna. Escribe a esos invitados directamente, por su nombre, sobre su propia respuesta. Un recordatorio general para todo el mundo lo leen los que ya contestaron y lo ignoran los que no.

Después del día

La página tiene una segunda vida y casi no te pide nada. Entre todos los invitados hacen varios cientos de fotos y cada una se queda atrapada en el móvil de alguien. Una galería en la página cuyo enlace ya tienen es el único sitio al que van a llegar todas. Pídelas una vez al final de la noche y otra a la mañana siguiente, y llegan mientras el fotógrafo todavía está editando.

El libro de firmas es la otra mitad. Las notas que la gente escribe esa noche, y los mensajes que llegaron con las confirmaciones meses antes, son la materia prima de los agradecimientos y te ahorran empezar cada uno con la hoja en blanco. Guarda también la lista de invitados: ahora es la agenda desde la que escribes esas notas, con el nombre de cada persona bien escrito.

Cuando todo haya pasado, cambia la cabecera de la página de lo que va a ocurrir a un gracias, y déjala en pie unos meses mientras van llegando las fotos. Después quita lo que no querrías tener en internet indefinidamente, es decir direcciones, teléfonos y el número de cuenta, y conserva el resto todo el tiempo que quieras. No va a mirarlo nadie salvo vosotros dos, que es precisamente de lo que se trata.

Preguntas frecuentes

¿De verdad necesitamos una web de boda?
Necesitáis un sitio donde vivan los detalles que no sea un grupo de WhatsApp. Si todos los invitados ya saben el lugar, la hora y cómo confirmar, con una tarjeta basta. Para cualquier boda más grande, o cuando los invitados viajan, una página te ahorra responder las mismas nueve preguntas de una en una, y hace que un cambio de horario sea una edición en lugar de noventa mensajes.
¿Cuándo hay que hacer la web de boda?
Hazla antes de mandar los save the date, aunque al principio solo lleve la fecha, el lugar y una línea diciendo que habrá más. Así lo primero que reciben los invitados ya apunta a la página y nunca tienes que mandar un segundo mensaje con la dirección. El detalle se va rellenando en los meses siguientes.
¿La web de boda debe ser una página o varias?
Una sola página le va bien a la mayoría de las bodas. Los invitados la abren en el móvil y una página que se desliza les lleva a la hora de la ceremonia más rápido que un menú por el que hay que navegar. Varias páginas tienen sentido cuando de verdad hay varios eventos a lo largo de un fin de semana, o cuando distintos grupos de invitados están invitados a partes distintas.
¿Pueden encontrar nuestra web de boda buscando nuestros nombres?
Solo si lo permitís. Casi todas las herramientas dejan mantener la página fuera de los resultados de búsqueda: se abre para quien tiene el enlace, pero no aparece cuando un desconocido escribe vuestros nombres. Para una boda ese suele ser el ajuste correcto. Aun así, deja fuera de la página la dirección de casa, el número de cuenta y los datos de contacto de otras personas, porque ningún ajuste protege lo que decides publicar.
¿Los invitados necesitan una aplicación o una cuenta para usarla?
No deberían. El invitado toca el enlace o escanea el código QR, lee la página y contesta en esa misma página, sin nada que descargar y sin registrarse. En Vowly Event la página aparece además en el idioma de cada invitado, entre nueve, así que la familia que vive fuera no lee una traducción que hayas tenido que escribir tú.
¿Qué pasa con la web de boda después de la boda?
Déjala unos meses. Es donde los invitados suben sus fotos y donde leen el agradecimiento, y la lista de invitados que hay detrás guarda cómo se escribe correctamente cada nombre. Cuando hayáis terminado con ella, quita direcciones, teléfonos y el número de cuenta, y conserva el resto el tiempo que quieras.

en vez de volver a preguntarte.

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