Planifícalo alrededor de una persona,
y la tarde se sostiene sola.

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Tú no eres la protagonista, que suele ser justo la razón por la que te ha caído el encargo. Un baby shower es un evento pequeño con una limitación poco habitual: la persona a la que se celebra se cansa enseguida, no puede comer ni beber la mitad de lo que pondrías normalmente, y va a ser la última de la sala en decirlo. Planifica alrededor de eso y el resto es sencillo.

Planifícalo alrededor de una persona,
La versión corta
  • La mayoría se celebran en las últimas semanas antes de la fecha prevista de parto: lo bastante tarde para que se note real y lo bastante pronto para que la protagonista aún quiera una tarde con gente.
  • Un baby shower es una ocasión de regalo, así que la invitación lleva una expectativa dentro: en la lista deben estar solo las personas que querrían hacer uno.
  • Con dos horas suele bastar: llegada, comida, una actividad, los regalos y a casa antes de que la sala se desinfle.
  • Monta el menú entero alrededor de lo que puede comer la protagonista, en lugar de prepararle un plato aparte.
  • Pide respuesta para una fecha y cuenta con que se retrase: esta es una de esas ocasiones en las que la gente de verdad no sabe cómo se va a encontrar esa semana.

Cuándo hacerlo, y lo único que decide la fecha

La ventana habitual es el último tramo antes de la fecha prevista de parto, de cuatro a ocho semanas antes. Lo bastante tarde para que apetezca celebrarlo y lo bastante pronto para que el bebé no se adelante a la fiesta. Tómatelo como una costumbre y no como una norma: mucha gente lo hace antes y algunas familias lo hacen a propósito después del nacimiento.

Lo que de verdad decide la fecha es físico y depende de una sola persona. Pregúntale a la protagonista si de verdad le apetecerán tres horas en una casa llena de gente la tarde que has elegido. En las últimas semanas esa respuesta cambia semana a semana, y la persona a la que preguntas va a decir que sí a casi todo. Elige una fecha en la que ese sí siga siendo fácil, y ponla en una tarde de fin de semana.

Si el baby shower es por una adopción, el calendario es distinto y a menudo más corto; muchas familias lo celebran cuando el niño ya está en casa y la fecha es segura. No hay ninguna norma que diga que tiene que ser antes de la llegada, solo una costumbre.

Quién organiza y quién acaba en la lista

Quien organiza no suele ser la futura madre, y la fiesta puede ser para uno de los dos o para la pareja entera. Aquí el baby shower es una costumbre bastante reciente, así que no hay una etiqueta heredada sobre quién debería encargarse: en unos sitios se ve raro que lo monte la familia directa, precisamente porque se están pidiendo regalos y queda feo pedirlos para casa; en otros lo organiza la futura abuela y a nadie le extraña. En la práctica le toca a quien se ofreció primero y tiene salón suficiente, con los futuros padres dando el visto bueno a la lista en vez de montarse su propia fiesta.

Sobre esa lista sí hay una regla que conviene respetar. Un baby shower es una ocasión de regalo, y eso es lo que le dice la invitación a quien la abre: se espera algo, aunque sea pequeño. Así que en la lista deben estar las personas que querrían hacerlo: las amigas de verdad, la familia con la que hay relación real, compañeros de trabajo solo si además sois amigos fuera de la oficina. A quien le sorprenda recibir la invitación le estás mandando una factura.

Eso suele dejar una lista más corta que el primer borrador, que es la dirección correcta: veinte personas son muchas caras delante de las que abrir regalos. Si alguien se queda fuera y le va a doler, la solución no es una fiesta más grande, sino otra distinta: un café la semana siguiente, o unas cañas por la tarde para el círculo amplio.

Las dos invitadas por las que hay que preguntar antes de mandar nada

Primero, los niños. Decídelo y ponlo en la invitación, porque el error de verdad es dejar que la gente lo adivine. Si vienen niños necesitas suelo libre, comida que un crío de cuatro años se coma de verdad y asumir que la tarde será más ruidosa y media hora más larga. Si no vienen, dilo con calidez: «esta la hemos dejado para adultos, así todos podemos sentarnos» cumple sin sonar a reglamento.

Segundo, y más delicado: en casi cualquier lista hay alguien pasando por lo suyo — buscando un embarazo, con una pérdida reciente, en mitad de un tratamiento. No decidas por esa persona. Escríbele antes de mandar las invitaciones: que hay baby shower, que te encantaría que viniera y que no pasa absolutamente nada si prefiere no ir. Y luego déjala elegir, sin insistir en la respuesta. Quitarla de la lista en silencio para ahorrarle el mal trago es lo único que duele siempre.

La forma de una tarde que funciona

Dos horas, y la estructura apenas cambia: media hora de ir llegando con algo de beber, luego la comida, luego una actividad, luego los regalos y las despedidas. Coloca los regalos a unas tres cuartas partes de la tarde y no al final del todo, para que queden quince minutos sin guion después y la gente se vaya de dos en dos en lugar de todos a la vez.

Un baby shower largo se hace pesado porque no tiene segundo acto. Hay exactamente un momento de ceremonia en toda la tarde, y en cuanto se abre el último paquete la sala se desinfla; pero nadie quiere ser el primero en irse, así que todo el mundo se queda una hora más sin nada que hacer. Mientras tanto, la protagonista sostiene un vaso y una sonrisa fija y no puede irse de su propia fiesta.

Con una actividad basta. Adivinar el día y el peso, el sorteo de pañales, que cada uno escriba una frase para que el niño la lea de mayor. Una cosa que se pueda hacer sentado gana a cinco que hay que explicar. Y si a la protagonista le horrorizan los juegos, no pongas ninguno: nadie se ha ido nunca de un baby shower decepcionado por no haber jugado.

Los regalos, sin que la lista parezca la compra

Una lista existe para que cinco personas no compren el mismo body de 0 a 3 meses, no para ponerle precio a la tarde. Pregunta a los padres qué necesitan de verdad, déjalo en una docena de cosas y que abarque una franja de precios, para que nadie tenga que adivinar qué es apropiado. Incluye uno o dos artículos grandes que varias personas puedan compartir. Cuarenta cosas se leen como la lista de la compra; doce con las tallas al lado se leen como una ayuda. Si la tienda de puericultura tiene lista de nacimiento, el enlace resuelve la mitad del problema.

Habrá quien traiga algo igualmente, y es más amable darle un sitio a donde ir: pañales de la talla siguiente a recién nacido, un libro con una dedicatoria escrita dentro de la tapa, unos tuppers de comida para congelar. La comida congelada es el regalo más usado de cualquier baby shower y casi nunca aparece en la lista.

El «sin regalos» se ignora casi tanto como se escribe, porque los invitados lo leen como educación y no como una instrucción. Si lo dices en serio, da un motivo y una alternativa en la misma frase: «la canastilla ya está completa, así que con que vengáis nos sobra; y si os apetece traer algo, traed un libro para la estantería en vez de una tarjeta». Un motivo con alternativa se cree; un «sin regalos, por favor» a secas, no. En la página de textos para invitaciones de baby shower tienes ese párrafo en varios registros, y la fórmula para enlazar la lista.

Comida y bebida, pensadas para una persona

Esta es la parte que casi todas las guías se saltan. Si la fiesta es para alguien embarazada, hay una lista de cosas que no puede comer: embutidos y jamón curado, quesos sin pasteurizar, patés, carne poco hecha, algunos pescados, más una lista algo más larga que varía según el país y que su matrona ya le habrá dado. El impulso es poner el picoteo de siempre y prepararle a ella un plato aparte. No lo hagas. La señala en su propia fiesta y se va a pasar la tarde escuchando si eso puede o no.

Monta la mesa entera alrededor de lo que sí puede comer. Es menos limitante de lo que parece: queso curado en vez de fresco, cocinado en vez de curado, una tarta de horno en vez de una mousse. Y luego pon una tarjetita al lado de los dos o tres platos que no son para todos —el que lleva frutos secos, el que debe esquivar quien no toma gluten— para que nadie tenga que preguntar a gritos por encima de la mesa.

Con la bebida, igual. Algo bueno sin alcohol, servido en las mismas copas que todo lo demás, hace que la protagonista tenga en la mano lo mismo que los demás y no un vaso que la delata. Pregunta por las alergias en el formulario de respuesta y no en el grupo de WhatsApp: una confirmación de asistencia online te devuelve la nota dietética pegada al nombre.

Las respuestas, y por qué llegan tarde

Dos cosas dependen de un número: la comida y las sillas. Pongamos que has invitado a veinticuatro personas; la diferencia entre dieciséis y veintidós es otra distribución de mesa, otra cantidad de todo y, si encargas fuera, otro pedido contra una fecha límite que no es tuya. Pon una fecha para contestar en la invitación, más o menos dos semanas antes del día.

Y luego cuenta con que se retrase, y no por mala educación. Esta es una de las pocas ocasiones en las que la gente de verdad no sabe cómo se va a encontrar esa semana: una amiga embarazadísima ella también, alguien con un niño pequeño y sin nadie que lo cuide todavía, un familiar que tiene que viajar. Calcula por el número intermedio, reclama una vez a falta de una semana, y hazlo persona a persona en lugar de soltar un recordatorio en el grupo.

Recoge tres cosas y ninguna más: si viene o no, cuántos son y qué no puede comer. Una confirmación de asistencia online te devuelve todo eso en una sola lista, con el número de acompañantes y la nota dietética al lado de cada nombre; la alternativa es contar dos veces un grupo de WhatsApp y sacar dos totales distintos. Un enlace además te deja corregir la dirección después de haber mandado la invitación, cosa que una imagen no puede hacer nunca.

Fiestas sorpresa, segundos bebés y versiones reducidas

Un baby shower sorpresa es una idea preciosa y arriesgada en el tramo final del embarazo. La persona sorprendida tiene que presentarse en un sitio a una hora fija, arreglada, encontrándose como se encuentre ese día, y que la miren treinta personas. Si el día le sale mal, no puedes moverlo. El punto medio en el que acaba casi todo el mundo conserva la mitad buena: la protagonista sabe la fecha y sabe que hay fiesta, y nada más; ni la lista de invitados, ni la decoración, ni la casa.

Para un segundo o un tercer bebé, la palabra que mucha gente busca sin saberlo es sprinkle: un baby shower más pequeño y más corto, con el argumento honesto de que la cuna y el carro ya existen. La misma estructura a la mitad de escala: menos invitados, hora y media, pañales y cosas de gastar en vez de equipamiento. Algunas familias lo llaman fiesta de hermanos y le dan un encargo al mayor, que hace que un niño de tres años se sienta parte de algo en vez de desplazado por ello.

Un baby shower por una adopción funciona más o menos igual, normalmente cuando el niño ya está en casa y muchas veces con ropa de la talla que le vale ahora y no de recién nacido. Sea cual sea la versión que estés organizando, lo que se celebra es idéntico: una casa llena de gente que quería venir.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se hace un baby shower?
Lo habitual es el último tramo antes de la fecha prevista de parto, muchas veces entre cuatro y ocho semanas antes. Es lo bastante tarde para que el embarazo se note real para todo el mundo y lo bastante pronto para que el bebé no se adelante. La fecha que importa más que la costumbre es aquella en la que la protagonista aún quiera pasar un par de horas rodeada de gente, así que ante la duda, mejor antes que después.
¿Quién organiza un baby shower?
Normalmente una amiga íntima, una hermana o una prima, y no los futuros padres, porque en un baby shower se piden regalos y queda incómodo pedirlos para uno mismo. En unos sitios se considera poco elegante que lo monte la familia directa; en otros lo organiza la futura abuela y es lo más normal del mundo. En la práctica le toca a quien se ofreció primero y tiene sitio, con los futuros padres dando el visto bueno a la lista de invitados.
¿Cuánto debe durar un baby shower?
Unas dos horas. Da para las llegadas y una bebida, la comida, una actividad y los regalos, sin la hora muerta que viene después de abrir el último paquete cuando nadie quiere ser el primero en marcharse. Abre los regalos hacia las tres cuartas partes de la tarde, así los invitados tienen un hueco natural para despedirse.
¿Hay que llevar regalo a un baby shower?
La invitación sí lleva esa expectativa dentro, y por eso en la lista debería estar solo gente que se alegre de traer algo. Si quien organiza ha dicho que no hay regalos y ha dado un motivo, créetelo. Y si aun así quieres llevar algo, pañales de la talla siguiente a recién nacido, un libro con una dedicatoria dentro de la tapa o comida casera para congelar se agradecen siempre y casi nunca se repiten.
¿Pueden ir hombres y parejas a un baby shower?
Sí. Puede ser para uno de los dos futuros padres o para los dos, y muchos son sencillamente una fiesta con toda la gente cercana a la pareja. Lo único que hay que decidir es qué versión estás haciendo, y decirlo con claridad en la invitación para que nadie se presente con su pareja en una tarde que no contaba con ella.
¿Qué es un baby sprinkle?
Un sprinkle es un baby shower en versión reducida para un segundo bebé o los siguientes, con el razonamiento de que la cuna, el carro y casi toda la ropa ya están en casa. Suele ser más corto y con menos gente, y los regalos son cosas de gastar —pañales, toallitas, comida congelada— en lugar de equipamiento. Algunas familias lo llaman fiesta de hermanos y le dan un papel al hijo mayor durante el día.

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